lunes, 9 de junio de 2014

Crianza estratégica

La disciplina con visión de futuro no aplica la corrección siguiendo el estado de ánimo del adulto, sino con un objetivo: hacer de los hijos individuos responsables.
Jaclin Campos
Santo Domingo
Todos están de acuerdo en que los niños necesitan disciplina. En lo que no todos coinciden es en la forma de aplicarla. Mientras unos defienden el uso del castigo físico como forma de corrección, otros insisten en lo dañino de esta práctica.
Rafaela Burgos, directora del Centro para el Desarrollo y la Interacción Constructiva (Cedic), se encuentra en este último grupo. La psicóloga señala que un adulto que no corrige a sus hijos, faltando así a su rol de educador, incurre en negligencia.
“Los adultos que están a cargo son los que tienen que tomar las decisiones y establecer las reglas”, afirma. “El tema es cómo hacer eso sin dañar a los niños”.
Eso mismo se preguntan muchos padres: ¿cómo disciplinar a sus vástagos sin echar mano de la correa?
El Cedic plantea un modelo de crianza estratégica con visión de futuro, que no aplica la disciplina siguiendo el estado de ánimo del adulto, sino con un objetivo: hacer de los hijos individuos responsables.
“Yo aprovecho las oportunidades que surgen para hacerlo más responsable, lo estimulo cuando lo es y pongo consecuencias cuando no lo es”, comenta Burgos. 
Esta estrategia demanda dedicación y esfuerzo de parte de los adultos, pero en eso consiste el ser padres. ¿O acaso no?
Si no debo pegarle, ¿cómo lo corrijo? 
El proceso de disciplinar a un niño empieza desde su nacimiento. El bebé está descubriendo cómo funciona el mundo y, en ese probar y probar, pasa ciertos límites. Corresponde a los padres hacer algo para que, cuando el bebé cruce la línea, entienda que lo hizo mal. 

Por ejemplo, si un bebé golpea a la madre en la cara, y esta se ríe, él va a entender que hizo algo bueno o gracioso y lo va a repetir. Por el contrario, si la madre le dice ‘no’ con firmeza, le retira la mano y lo pone un momento en otro lugar, el niño entiende que eso que hizo provocó una reacción en su madre. 
“No hay que pegarle, ni gritarle o asustarlo -dice la psicóloga Rafaela Burgos-; simplemente, tiene que haber una reacción que diga que ese es un límite que no se puede pasar”. 
Eso, asegura, tiene mayor efectividad que los golpes, pero los papás creen que se trata de algo muy simple y dudan de su potencial para educar. Sin embargo, una vez que el niño ve consistencia en la reacción de los padres, aprende la lección. 
Respecto a las personas que corrigen al niño, Burgos dice que la familia debe establecer una línea de mando. Si, por trabajar fuera, los padres delegan su autoridad en otra persona, ésta debe cumplir esta función solo mientras aquellos no se encuentren. 
Según Burgos, no es sano que en una familia extendida cualquiera imponga sanciones al menor. 
“El niño se confunde”, advierte. “Hay demasiadas personas dando órdenes, y muchas veces esa órdenes se contradicen. Lo sano es que haya una línea y una persona a cargo”. 
Si esa persona es, por ejemplo, la madre que pasa todo el día en el trabajo y quien se queda a cargo del niño durante el día es la abuela, esta última debe disciplinar al niño con el consentimiento de la progenitora y de acuerdo al plan que ella trace. Al regresar a casa la madre, ella debe asumir las funciones de dirección y la abuela retroceder porque, de no suceder esto, se presentan desacuerdos y el niño no sólo puede confundirse, sino también aprovechar la brecha para conseguir lo que desea.
Técnicas principales
Pasando a la práctica, Burgos cita dos técnicas de disciplina que, aplicadas de manera consciente, constante y firme, ayudan a formar a los hijos para que se conviertan en adultos responsables.

La primera se denomina tiempo fuera. Consiste en apartar al niño por algunos minutos (calcule dos o tres por cada año de vida del menor) de la actividad o el ambiente en que se encuentra y que le gusta cuando muestra un comportamiento inadecuado o traspasa los límites permitidos. No hay que arrodillar al niño ni amarrarlo, solo sacarlo de la actividad y dejarlo en un rincón aparte o sentado en una silla alejada de los demás.
La segunda técnica consiste en aplicar consecuencias, aquello que sucede como resultado natural cuando el niño muestra una conducta inadecuada. 
“Las herramientas más efectivas son las consecuencias porque son las que ayudan al niño a desarrollar responsabilidad”, afirma Burgos. “Más que hablar de castigo, hablamos de consecuencia, porque el castigo es algo que yo me invento para que tú te sientas mal, mientras que la consecuencia es algo que tú te ganas. Como en la vida”.
¿Usted puso una hora límite para usar la computadora y el niño no la respetó? La consecuencia puede ser prohibirle usar el aparato durante dos días, pero recuerde cumplir usted mismo el castigo y no doblegarse antes de que pasen esos dos días. 
“Los adultos administramos las consecuencias -advierte Burgos-, pero tenemos que ser muy justos a la hora de aplicarlas porque, si no, se vuelven una revancha”. 
Estas técnicas tienen que venir acompañadas de constancia y firmeza, y darse en el marco de un acuerdo entre los padres. Unos padres que no se ponen de acuerdo en cómo educarán a sus hijos no cumplirán bien con su rol de educadores.
Para que los niños acaten las órdenes dadas por los adultos, éstos tienen que expresarlas de manera clara y firme, pero además darles seguimiento. 
No basta con que mire a los ojos al pequeño y le diga con voz firme: “Quiero que vayas y recojas los zapatos ahora”. Si no obedece, usted tiene que tomarlo de la mano, llevarlo donde están los zapatos y hacer que los recoja. ¿Si hace una rabieta? Levántelo y llévelo donde están los zapatos y dígale, por ejemplo: “Cuando se te pase, recoges el zapato”. 
El punto es que usted dé una orden, dé un breve tiempo para que se cumpla y, si el niño no obedece, usted hace que la acate.
“El adulto que dio la orden no puede involucrarse en otra cosa y dejarla en el aire o asumir que el niño lo va a hacer porque se lo dijo”, expresa Burgos. “Tiene que confirmar que eso pase”. 
FUENTE: La Vida/listindiario.com
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