Por Francisco Luciano
Santo Domingo RD- En medio de la crisis petrolera desatada por el conflicto en Oriente Medio, el Dr. Leonel Fernández ha presentado una propuesta seria, concreta y multilateral que el país no puede ignorar. En lugar de aceptar pasivamente el golpe, sugiere que la República Dominicana lidere una negociación con México, Brasil y Colombia para crear un mecanismo de pago diferido similar al Acuerdo de San José y Petrocaribe: una parte en efectivo y el resto aplazado.
No se trata de pedir regalos, sino de exigir un mecanismo temporal de solidaridad latinoamericana que permita amortiguar el impacto sin sacrificar la estabilidad económica ni el poder adquisitivo de la población. Esta idea no es improvisada; se basa en experiencias exitosas que ya han salvado a países como el nuestro en tiempos de extrema inestabilidad.
Mientras tanto, el Gobierno se limita a trasladar el coste total de la crisis a la población mediante el aumento del precio de la gasolina y de los productos básicos. En lugar de buscar soluciones creativas, prefiere explicar el problema, quejarse y sembrar el miedo. Esa actitud no es gobernar: es abdicar de la responsabilidad.
A quienes descalifican la propuesta de Fernández como "populista" o "demagoga", debemos preguntarles claramente: ¿qué es más demagógico, buscar un acuerdo que alivie los bolsillos del pueblo o resignarnos a que el pueblo pague únicamente la factura de una guerra que no provocó?
El papel de un verdadero gobierno no es quejarse ni justificar los aumentos, sino actuar con visión y audacia incluso en medio del caos. Fernández lo entiende: ante un problema global, la solución no puede ser individual ni resignada; debe ser colectiva e inteligente.
Hoy, con la gasolina subiendo 15 pesos en dos semanas y amenazando el suministro de alimentos y fertilizantes, no podemos darnos el lujo de permanecer impasibles. Es hora de llamar a las puertas de nuestros hermanos latinoamericanos y exigir una respuesta conjunta que perjudique menos al pueblo dominicano.
La propuesta de Leonel Fernández no es un capricho partidista: es sentido común convertido en política exterior. El Gobierno tiene la obligación de evaluarla seriamente. Porque cuando se trata de proteger a las personas, no valen excusas ni banderas: solo valen resultados.
El autor es profesor universitario y líder político.

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