Rosendo es mi lector más fiel. Se para dos veces por semana, miércoles y viernes, ante la puerta de mi oficina para comentar lo que publico en esta columna. Se siente en el compromiso de demostrarme que lee cada artículo. Por lo general, me refiere el tema y luego pregunta sobre la salud de mi hija Laura pues, desde que ella enfermo hace ya varios años, él siempre tiene pendiente saber de su evolución. Es la única persona, de las que veo con asiduidad, que sigue preguntando por la niña aunque ya su enfermedad, a Dios las gracias, es cosa del pasado. Ahora que escribí la palabra asiduidad, pienso que Rosendo pasará por aquí, también, con una interrogante. Ocurre cada vez que utilizo un término que él desconoce. Pues no se limita a leer la columna, es un lector que interroga para aprender. Si ignora lo que significa un término, me pregunta qué quise decir.
Por ejemplo, la semana pasada preguntó por la definición de “infalible”. Le expliqué y entonces, en voz alta, razonó la aplicación de ese concepto a la frase que yo había escrito para comprender el sentido de la idea transmitida. Más o menos, como hacen los niños. No sé si alguien se lo ha dicho, pero esa curiosidad es la muestra de un lector que quiere entender lo que tiene entre manos. Leer con un diccionario al lado, por ejemplo, es una costumbre de aquellos que al final logran un buen dominio del idioma y una mayor compresión de la lectura. Rosendo no es periodista ni cuenta con formación profesional.
Trabaja como chofer. Pero lee con regularidad, comenta lo que lee y pregunta lo que no sabe. Es el lector ideal. Y aunque a Rosendo no se lo dijeron en ninguna facultad de comunicación, el tiene el instinto de hacerlo así. Por eso, en él quiero agradecerles a todos mis lectores, por su fidelidad y palabras de aliento.
A cada uno, los que me escriben, los que me llaman y los que solo me leen. Ustedes son el combustible que hace andar el motor del esfuerzo, la disciplina y la imaginación que logra llenar, dos días a la semana, este espacio. Y, sin lugar a dudas, mi querido Rosendo, con su curiosidad, simpatía y don de gente aporta, al menos, un par de galones de ese combustible inspirador.
0 comentarios:
Publicar un comentario